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¿Hay vida después de la muerte?

Es la gran pregunta que se ha estado haciendo la humanidad desde el principio de los tiempos y que muchas veces nos la hemos hecho, respondido y variado la contestación. No es una cuestión baladí pues la búsqueda de la solución al interrogante más grande de la vida ha condicionado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Las diferentes religiones se han creado alrededor del supuesto conocimiento de la verdad que esconde, vendiéndonos la revelación de ese gran misterio. Cada una de ellas lo ha enfocado de diferentes puntos de vista pero todas afirmando que la existencia no termina cuando nuestro cerebro y corazón dejan de funcionar. Las religiones del libro: judaísmo, cristianismo e islam, la han enfocado (con sus evidentes diferencias) hacia un Dios único dador de esa vida eterna, el budismo e hinduismo hablan de la evolución espiritual y de planos de existencia, el animismo de un mundo de espíritus... podríamos continuar así páginas y páginas.

Frente a esta concepción religiosa están aquellos que no creen que haya nada más allá, que esto termina con nuestra muerte. El ateísmo está muy arraigado en especial entre el mundo científico y curiosamente entre personas que muy probablemente estén más cerca de ser modelos de comportamiento de cualquiera de las religiones que del perfil de humano despiadado y sin sentimientos. Siempre he creído que los dogmas de fe absurdos, en especial en este mundo tecnológico, son máquinas de fabricar ateos... Pero no es el objeto de este artículo el como se ha usado a los diferentes Dioses cómo arma de manipulación y de dominación de masas.

La ciencia nos afirma que hemos de perder toda esperanza, que lo que hay es lo que vemos y cuando se cierran los ojos solo está la nada. ¿Pero es esto cierto? Como sabéis soy químico y por tanto mi pensamiento es científico pero por fortuna me he desprendido de los dogmas de la ciencia, que los tiene y no pocos, y que al igual que en las religiones generan una cerrazón absurda y un negacionismo en ciertos ámbitos que raya lo fanático. No podemos olvidarnos el contexto en el que se mueve la ciencia y que desde hace muchos siglos es la pura y dura oposición feroz a la iglesia. Es una lucha encarnizada entre los idealistas y los racionalistas-pragmáticos que se lleva librando desde hace milenios y que muchos autores han dejado reflejado en libros magníficos, como "El ocho". Son dos bandos feroces entre sí y uno de los puntos claves de esa lucha es si existe o no vida después de la muerte. Hemos de pensar que su existencia es la columna que sostiene el edificio de los idealistas (religiosos) y que muchos científicos (pragmáticos) atacan con ferocidad. A la ciencia le es muy difícil admitir que pueda existir vida tras la muerte pues el hacerlo presuponen que, falsamente, la religión vencería e involucionaríamos al oscurantismo del medievo,... y he de admitir que les entiendo en parte a tenor de las declaraciones de ciertos obispos, imanes... y ni hablamos de los fanáticos ultra-fanáticos del Isis o de otras religiones, causan autentico pavor... pero ese es otro tema. ¿Dónde me encuentro yo? Con ninguno de los dos, pues a mí solo me importa la verdad y ésta tal y como la intuyo, está en medio de ambas posiciones.

Los que habitualmente leéis mis artículos ya sabréis que creo firmemente en que hay vida después de la muerte y que lo hago no desde un punto de vista espiritual o religioso, no. Lo creo desde la más pura concepción científica. No me atrevo a afirmar como es ese otro mundo al que vamos, tampoco puedo afirmar que exista un ente llamado Dios, o si existe un infierno, un cielo o la reencarnación. Pero sí que estoy convencido de que existe, sea lo que sea. Sabéis que estoy firmemente convencido que existen indicios muy claros de que nuestra conciencia no es algo físico insertado en un lugar del cerebro en forma de molécula química, sino que está almacenada en forma de energía cuántica sostenida por nuestra red neuronal. La ausencia de ninguna prueba o mínimo indicio científico de cómo o dónde se almacena, la existencia de casos médicos bien documentados de recuperación de facultades perdidas por traumatismos incompatibles con esa conciencia física, los innumerables fenómenos mal llamados paranormales que tienen explicación con una mente de naturaleza cuántica y que a su vez encajan con las propiedades reales, verificadas científicamente, del mundo de las partículas subatómicas me hacen pensar que el ser humano en su esencia primordial: el yo, no es un ente de carne y hueso, es energético.

La semana pasada el doctor Robert Lanza, considerado por el New York Times como uno de los tres científicos mundiales más importantes, insinuó en su libro: "Biocentrismo: Cómo la vida y la conciencia son las claves para la comprensión de la naturaleza del Universo", que en efecto la vida no parece terminar con la muerte. Lanzó un concepto que hacía tiempo que maduraba en mi cabeza pero que no se atrevía a salir. Lanza teorizó, y estoy de acuerdo con él, que es la conciencia quien genera el cuerpo y no al revés y esa es la razón principal por la que esta no puede morir, pues la ley principal de la ciencia, contrastada como veraz, nos dice que: "La energía ni se crea ni se destruye, se transforma". Muchos no podréis entender como eso es posible, pero la misma ciencia en su hipótesis de la creación del Universo en verdad lo afirma. ¡Hemos estado tan ciegos! En el Big Bang lo que había era una gran masa de energía y partículas subatómicas concentrada que explotó y de esta surgió la materia: Los soles, los elementos químicos, los planteas... en el principio de todo estaba la energía, esa es la fuente original de todo, los pilares de lo que nos rodea. En efecto lo material, lo corpóreo surge de la energía y no al revés.  Si la conciencia es energía cuántica es a partir de ella que se formará nuestro cuerpo y no al revés. Por supuesto eso implica que al morir, la conciencia permanece. ¿Nos quedamos en forma de energía? ¿Pasamos a otro Universo paralelo? ¿Permanecemos en este pero en otro estado de energía? ¿Podemos reencarnarnos de nuevo? No lo sabemos, aunque estoy convencido de que no habrán querubines tocando un arpa cuando crucemos ese puente, debe ser un mundo muy diferente: el paraíso de las partículas subatómicas donde todo es posible e infinito.

Quizás muchas de las predicciones religiosas sean ciertas pues nada impide a una conciencia energética volver a materializarse en materia, es decir, reencarnarse. Quién sabe si en efecto existe un "infierno" o un "cielo", es posible que nuestro estado energético en la hora de nuestra muerte influya si vamos a un plano u otro, pues las partículas cuánticas pueden encontrarse en diferentes niveles de energía... Aunque finalmente se consiga demostrar que esto no termina con nuestro sepelio, la respuesta de si existe Dios o no, seguirá sin responderse científicamente, pues el que haya vida más allá de este plano de existencia no implica necesariamente la existencia de un ser superior, ni tampoco lo contrario. Pero el ser conscientes al 100%, tener la absoluta seguridad de que esto no termina aquí, cambiaría a la humanidad por completo.


El saber que esto es un mero tránsito en nuestra vida haría que relativizáramos las cosas materiales y banales de este mundo, ¿de qué nos serviría acaparar bienes si no nos van a servir de nada? Si somos conscientes de que la finalidad de esta vida es la de crecer en consciencia para pasar a otro plano superior, si sabemos con certeza que nuestros actos llevan a vibrar a nuestras partículas subatómicas en un nivel y no en otro y eso tiene consecuencias nuestras prioridades vitales cambiarían radicalmente. Todas las personas que han sufrido una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte) y parecen haber tocado con la yema de sus dedos ese mundo tras este plano de existencia, han sufrido esa evolución de conciencia, de concepto de vida y de objetivos vitales. Pero hay muchos creyentes que a pesar de serlo no buscan esa elevación de su ser - me argumentaréis. Cierto, pero yo os pregunto, ¿esa gente en verdad cree en lo que practican o siguen unos ritos por tradición? Muchos de esos que, para que nos entendamos, en domingo van a misa y el resto de la semana roban, en verdad son unos descreídos y solo se aferran a unas tradiciones absurdas para justificar su mal quehacer diario. Hay un gran refrán que nos dice: Dime de que presumes y te diré de lo que careces. Esas personas si en verdad tuvieran la certeza completa de que hay algo más y que los actos en verdad tienen consecuencias, que lo que en oriente llaman Kharma no es una veleidad el subconsciente, cambiarían radicalmente de forma de actuar. De todas formas esperemos que la ciencia se atreva a quitarse sus tabús y demonios internos, encuentra la verdad y comprobemos si mis suposiciones son verdaderas.







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