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viernes, 4 de abril de 2014

Metafísica cuántica I ¿Casualidad o causalidad?


Que dos palabras tan parecidas, sólo se diferencian entre sí en la posición de una letra... ¡pero qué diferente es su significado! Para mí son dos palabras clave. La primera, casualidad, la solemos usar para definir los muchos sucesos de nuestra vida, os suena lo de: "la casualidad quiso que..." ¿Cuantas veces lo habremos dicho? ¿Pero es cierto? ¿Nuestra vida se rige por casualidades? ¿Es todo azar? Si me seguís a lo largo de esta serie de artículos quizás, al igual que yo, empecéis a ver las cosas de forma diferente, eso lo debéis de decidir vosotros. No afirmo tener la verdad absoluta, sólo os expondré mi experiencia personal y las conclusiones que he extraído de ella por si os sirve.

Yo al principio, como la mayoría de vosotros, creía que así era: la vida es una ruleta rusa donde estamos a merced de la diosa Fortuna. Pero poco a poco fui cambiando de forma de pensar y ahora estoy convencido de que nuestra vida está regida por la causalidad y que nada de azar hay en ella. En esta entrada os contaré mi experiencia personal y como fui cambiando la forma de ver las cosas que sucedían en mi vida, que ya nada tiene que ver a cómo lo hacía hace diez años. Y aunque os resulte extraño, la ciencia está empezando a abrir caminos donde cada vez más se hace más probable que sea cierto aquello de que somos dueños y diseñadores de nuestro propio destino. Tened un poco de paciencia, pronto llegaremos ahí.


¿Por qué llegué a plantearme estas cuestiones?

Por curiosidad y por necesidad de cambiar de vida, he leído algunos libros, documentales... en los que se aseguraba que nosotros podemos diseñar nuestro futuro, hablaban del poder de la mente y como solo hay que desear las cosas para que el universo te las de. Siempre he visto con ojos escépticos estos temas, casi todo lo que hay en ese mundo es charlatanería y engaño. Sigo creyéndolo, pero algunas de las cosas que leí eran de personas serias e incluso algunas me parecieron extrañamente razonables y me pregunté si cabría la posibilidad de que hubiese un poso de verdad en todo aquello.

Decidí abrir la mente y tratar de fijarme en las cosas que me sucedían con ojos más abiertos y sin estar tan aferrado a la ortodoxia de la ciencia, a veces tan fanática y destructiva como la religiosa. Recordé y seguí el consejo de mi profesor de química cuántica de la facultad: "un verdadero científico nunca debe tener dogmas de fe, siempre debe dudar y cuestionárselo todo, ni desdeñar nada por estrambótico que parezca", ¿incluso sobre la teoría de la relatividad de Einstein? recuerdo que le pregunte "incluso de Einstein" fue su respuesta. Por aquella época nadie dudaba de la teoría de la relatividad, muchos científicos a buen seguro que lo hubieran ridiculizado, se hubieran mofado y lapidado (simbólicamente) si hubiera hecho aquella declaración de forma pública. Hoy los ladrillos de la relatividad empiezan a cuestionarse y a desmoronarse.


El inicio del cambio

Poco a poco me di cuenta de que las decisiones que tomaba, muchas veces contrarias a lo que el sentido común me decía o a lo que la mayoría (yo incluido) consideraría lo lógico, tenían una causalidad detrás. Reflexionando sobre el pasado, he de admitir que cuando me he visto ante una bifurcación en el camino de la vida,   en más de una ocasión, no sé cómo llamarlo, me he visto forzado/arrastrado a tomar uno cuando mi deseo era tomar el alternativo. Todas esas decisiones, a veces forzadas no sé por qué ni cómo, me han traído hasta aquí. Muchos lo llamaréis destino... hablaremos de él en esta serie de artículos.

Ahora lo veo todo mucho más claro, la toma de esas decisiones concretas han hecho posible el estar aquí hoy y ahora, el azar no ha intervenido en nada, una elección lleva a una causa y éstas no parecen surgir de forma casual. La buena o mala suerte no gobierna nuestra vida. Eso me llevó a preguntarme: ¿qué diferente hubiera sido yo hoy en día si hubiese tomado una decisión en el sentido contrario a la que tomé? ¿Y si me hubiera ido a Alemania al acabar la carrera a pesar de que todo pareció ponerse en contra? ¿Y si no hubiese dejado a aquella chica o si no me hubiesen dado aquellas calabazas? ¿Hubiese encontrado a mi mujer y gracias a ella hubiese descubierto que podía escribir una novela?

Esto parece filosofía, no vemos la ciencia por ningún lado, me recriminaréis. Ya llegamos.

El hecho que me hizo ver que la vida estaba regida por la causalidad y no por la casualidad, fue escribir esta novela. Los que hayan leído mi biografía sabrán que lo que me hizo escribir fue mi mujer, si hubiese estado con otra persona hoy no estaría aquí sentado, escribiendo estas palabras. En el pasado todo parecía estar en contra de que tuviese una pareja estable, ahora ya conozco el porqué.

Cuando llevaba unos cien folios escritos de mi primer libro: "El Despertar de Helios", tuve la certeza de que es lo que quería en la vida: quería ser escritor. Había nacido para ello, había encontrado una razón para mi imaginación y aquello que en verdad me haría plenamente feliz. Hasta entonces no había tenido un objetivo en concreto más allá de ir pasando la vida teniendo lo suficiente para vivir, algo que había logrado. Algo no encajaba, tenía una vida cómoda, agradable, pero sentía la necesidad de algo más.

Cuando supe que quería ser escritor puse todas mis energías en ello y apliqué aquella absurda teoría de que si deseas algo de verdad el universo te lo concede. Me levantaba todos los días deseando ser escritor, me iba a trabajar, escribía al volver y me acostaba deseando ser escritor: "Voy a ser escritor, voy a ser escritor" me repetía mi mantra personal un día tras otro. Y las piezas del gigantesco puzle que es la vida empezaron a encajar poco a poco.


El cambio

Os será fácil imaginar que es muy complicado compaginar la vida de escritor con un trabajo de ocho horas a turnos. Había días que mi jornada era de trece o catorce horas, sin tiempo para el relax, al final el cansancio físico y mental empezó a ser difícil de llevar. Era imposible compaginar mi vida con el ser escritor,  pero... ¿cómo dejar un trabajo en el que estás a gusto, con condiciones laborales más que aceptables en mitad de esta vorágine de crisis? La causalidad me trajo la solución.

Ahora es tan evidente... mi alma estaba centrada en ser escritor, por lo tanto debía dejar el trabajo. El destino, universo, o como lo queráis llamar, ya indagaremos sobre ellos, encontró una solución para encajar todas las piezas, fue dura pero elegante.

La primera ficha del dominó en caer llegó cuando en el trabajo nos dijeron que nos iban a trasladar de forma forzosa de Valencia a Madrid. Fue todo un shock. Por aquel entonces ya había aceptado que era absurdo tratar de nadar contracorriente, lo mejor es dejarse llevar confiando en que los sucesos de la vida siempre pasan por una buena razón. Lo apliqué. Tras varios días de angustiosa reflexión me rehíce y me pregunte ¿es la oportunidad que me brindaba la vida para ser escritor? La respuesta que me díia mí mismo fue un rotundo sí. Se me iba a proporcionar el tiempo y la calma suficientes, al menos para intentarlo.

Algo en mi interior me decía que debía ir a Madrid, aunque ni yo... ni mi mujer, queríamos hacerlo bajo ningún concepto. Pero me deje llevar como había aprendido a hacer y me fui. Como son las cosas... a esas alturas, en Madrid, lejos de mi hogar, todo empezaba a girar en torno a los libros. Nuestros amigos íntimos tenían algún conocido o contacto en el mundo editorial, algo que nos sorprendió descubrir después de tantos años de amistad. Es sorprendente cuando deseas algo desde lo más profundo de tu ser, cómo todo tu mundo empieza a ordenarse para que lo obtengas. Las piezas del puzle no terminaban de encajar, pero ya eran del color azul del cielo que deseaba.

En el trabajo, en Madrid, conocí a Luís. Este compañero y ahora amigo, tenía una cuñada que trabajaba para una editorial y se ofreció a presentármela en la feria del libro. ¡Eureka! pensé, esa era la razón que me había impulsado a aceptar el traslado me dije. Casualidad diréis, ¿de verdad lo creéis? Lo más curioso del caso es que Luís llegó a mi departamento poco antes de nuestro traslado y se marchó a otro poco después de hacernos amigos... estoy convencido de que coincidimos el tiempo suficiente para hacernos amigos por una causa. ¿Aún dudáis? Sigamos.

Llegó el día y fuimos a la feria del libro de Madrid. La reunión con su familiar no fue tal y como esperaba. Siendo sinceros, no me hizo ni caso. No entendía nada ¿Había estado tan equivocado? ¿Eran chorradas toda esa filosofía del universo y los poderes de la mente en los que, por experiencia personal, había empezado a creer? Allí, en mitad de tantas casetas de editoriales y librerías, rozando con la yema de los dedos mis ilusiones, por unos instantes mi fe se apagó. Anduvimos por la feria, yo sin muchas ganas la verdad, pero de entre las trescientas o cuatrocientas casetas que allí había, algo me indujo a pararme delante de una y sólo una. Pregunté. Hoy, esa editorial me publica el libro. No fue un proceso ni sencillo ni inmediato, pero lo importante es que fue. Hoy estoy convencido de que si soy escritor es porque puse todo mi empeño en ello y de alguna forma lo hice posible. ¿Es todo subjetividad o existe una base científica que explique este extraño fenómeno? ¿Ha sido todo una sucesión de hechos casuales?


La física cuántica y la causalidad

Por fin hemos llegado a la ciencia diréis. Sí, todo aquel que sabe esperar es recompensado. Soy químico y por tanto científico. Empecé a buscar respuestas a mi experiencia desde la racionalidad. Para mí es un hecho que la mente es capaz de conformar el futuro y moldearlo, no tengo pruebas de ello, es subjetividad basada en mi experiencia personal, pero ¿es superchería o hay alguna base científica en todo ello que no hemos sido capaces de descubrir hasta ahora?

Cuando buceé un poco en las nuevas teorías, sobre todo de la física cuántica, encontré dos respuestas que abrían las puertas a que el poder de la mente de moldear el presente y el futuro a nuestra voluntad fuera real y no solo imaginación.

La primera de ellas fue la rompedora teoría del entrelazamiento cuántico de las partículas subatómicas.

La segunda fueron los desconcertantes resultados de un experimento: la red GCP (The Global Consciousness Poject), el Proyecto de la Consciencia Global.
 
Dejadme que pare aquí, por hoy ya tenéis demasiada información y creo que antes de seguir debéis parar, madurar y reflexionar un poco sobre lo que habéis leído. Buscad en vuestra vida esas causalidades. Os prometo que durante las siguientes semanas hablaremos del entrelazamiento cuántico y del GCP. Quizás en un par de semanas no encontréis tan descabellado o al menos no consideréis imposible vuestra capacidad para decidir sobre qué queréis que os suceda en la vida.




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1 comentario :

  1. No me parece tan descabellado de hecho te puedo decir que antes de algunas tragedias como terremotos o tsunamis se apodera de mi una tristeza inexplicable y profunda que debe seguro ser mesurable e influir en la gcp

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